06.04.13

De Frisch a Frosch

Ojos enormes, ojos de sapo.
He visto los ojos enormes de Mr. Frosch asomando de un búnker, de uno de los cientos de búnkers dispuestos en Zúrich para refugio de la población en caso de catástrofe.
Los he visto mirar indecisos, sus ojos. Los he visto escrutar, percatarse, comprobar.

Después he visto su cuerpo. He visto su cuerpo verdoso asomarse, sus patas verrugosas escurrirse, y finalmente saltar en dirección desconocida.

Luego ha sonado el teléfono.

Que llama desde un McDonald's, dice. Que se ha metido ahí en busca de normalidad. Y de una hamburguesa también, claro. Pero sobre todo en busca de normalidad, dice.

...
Comiendo hamburguesa y mirando MTV; todo iba de lo más normal.
Hasta que de pronto... Culos. Muchos culos. Rihanna, Beyoncé, Jennifer Lopez, sus culos.
Y más culos.
Yo, feliz: papa frita, sorbo de coca cola, mordisco de BigMac, culo. Mmm.
Realmente feliz.
Federico Fellini me viene entonces a la mente. Me acuerdo de su costumbre de ir a desayunar en casa de una amiga suya para que ésta le mostrara el culo. Después de contemplarlo un rato-el culo-, el cineasta agradecía caballerosamente el gesto de la amiga y, sin más, se marchaba.
“Un día sin culo es un día sin sol”, sentenciaría alguna vez.

Agradezco entonces a McDonald's por la calidad de sus televisores plasma.
Agradezco a MTV por este día tan soleado, por su ranking de los culos más hot.
¡Agradezco al mundo por no haberse acabado!

Pero justo cuando mi mente se dispone a pasar de los agradecimientos a la calmada elaboración de una teoría (teoría según la cual la felicidad se encuentra buscando la normalidad, etcétera); justo en ese momento, justo en ese preciso instante, me atraganto y la coca cola se me acaba.
Y siento que me muero. Y pienso que me muero.

Pero me equivoco, porque ahí sigo y además veo un vaso de agua casi vacío. Porque a pesar de no ver a nadie a mi lado, siento palmadas en la espalda y percibo un susurro entre mis tosidos.

Hago como si no hubiera pasado nada, diciéndome que quizá tampoco haya pasado nada.
El ranking de culos continúa. Las nalgas siguen desfilando en las pantallas, sometidas de dos en dos al juicio de un selecto jurado. “Oh my good, her ass is reeeally hot!” se exalta un rapero mientras intenta reproducir con las manos la forma del trasero de Beyoncé. La dueña de una revista de espectáculos y su director creativo concuerdan en que las nalgas de Jennifer Lopez constituyen un culo con power, mientras que el de Kilye Minogue, en cambio, vendría a ser un culito con clase, observa un diseñador de modas... Aquí. Mas o menos por aquí vuelvo a sentir las palmadas. Más o menos por aquí siento además un pellizco, y entiendo el susurro:

“¿Estás seguro de que la preservación de la especie humana realmente te importa?”



Que la  pregunta se la susurró su autor en persona, dice Mr. Frosch. Que de la nada se le apareció el mismísimo Max Frisch. «Me pellizcó además, el muy hijo de puta…»
«Bueno, al menos te salvó la vida», le sigo la corriente al sapo.

Pero a Mr. Frosch no parecen preocuparle sus alucinaciones. Tampoco parece preocuparle la pregunta susurrada en sí misma, que en realidad es una versión acortada de una de las tantas preguntas que hiciera en vida este escritor zuriqués aficionado a los cuestionarios. «Cuestionarios que quizá  algún día te traduzca, secretario, para que te la puedas dar de intelectual, que sé que tanto te gusta jajaja…»
Lo que le preocupa a Mr. Frosch es por qué surgió la pregunta. (No me hace caso cuando le explico que quizá se deba a su natural falta de empatía con el ser humano, comprensible dada su naturaleza de batracio).

«¿Por qué una pregunta como esa tiene que surgir en un momento como ese? », no deja de repetirse Mr.Frosch. «¿Por qué?»
Que por qué ese tipo de preguntas no le vienen a la mente a la hora de separar el aluminio de los residuos orgánicos, como sería lo apropiado. ¿Por qué le vienen ahora? Si hasta se había puesto feliz. ¿Por qué? Si acaso la única decepción fue ya no ver el culito de Kylie Minogue en el top 3, si aparte de eso no paraba de mover afirmativamente la cabeza con cada comentario de los jurors. ¿Por qué? Si apenas envidiaba la comodidad de los sillones desde donde éstos emitían sus juicios. ¿Por qué? Si hasta se complacía al verlos al lado de cada par de nalgas, tan seguros de sí mismos, tan regios, nada que ver con ese tipo tan feo que se le apareció de la nada para agriarle la hamburguesa. «¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ...»


15.12.12

Recorriendo la Langstrasse (3ra parte y FINAL)




Como si a alguien le importara, Mr. Frosch ha decidido no volver a pisar la Langstrasse ni sus alrededores. “Voy a boicotear el Kreis 4” ha sentenciado. “A ese barrio no vuelvo más.”


Antes, sin embargo, ha tenido a bien exponer sus razones en un comunicado:

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Zuriquesas, zuriqueses, habitantes y visitantes de Zúrich,

Sin asombro, casi entre bostezos, asistimos desde hace un tiempo al desmoronamiento de nuestros valores e ideales. Aquellos sueños de un mundo mejor han sido invertidos en fondos de posiciones cómodas y flácidas que nos permiten conservar posturas saludables.
Quizá por fin hemos comprendido que para evitar la joroba vale más andar derecho que torcido, o llegado a la conclusión de que es mejor hacerse a la idea de que no hay mundo mejor y que, a fin de cuentas, el mundo se acaba en unos días.
O quizá estamos simplemente cansados, señoras y señores. Muy cansados. Y aburridos.

No obstante las circunstancias -o precisamente dadas las circunstancias- urge un esfuerzo. Un último esfuerzo. Ahora.
Ahora, que el aburrimiento nos empujan a divertirnos hasta el cansancio y que la diversión nos aburre mientras el mundo se acaba. Ahora, que los juguetes de los Maya se revelan más serios que los de Steve Jobs. Es precisamente ahora que debemos salvar el Kreis 4. And just for fun.

Porque si unos luchan por que no se asfalten bosques ni selvas y no se les ponga calzoncillo a los nativos, nuestra lucha aquí ha de ser impedir que se peine y ponga gel a los barrios despeinados.
Los barrios despeinados son las selvas urbanas, señoras y señores, nuestros tubos de escape, nuestros pulmones... !Y también están en peligro de extinción!
El barrio despeinado de Zúrich ya huele a gel por las noches. El que fuera un barrio distinto ha empezado a oler como todos los demás.
A nuestro querido Kreis 4 le ha ocurrido lo peor que le ha podido ocurrir: se ha puesto de moda.
Apenas oscurece, una densa nube de gel se extiende por la Langstrasse y sus alrededores engominando todo lo que encuentra a su paso. Las putas, los borrachines, los vagabundos y toda aquella masa que conformaba su esencia queda entonces fijada, reducida a un colorido cuadro.
Apenas oscurece, una ola de jeans que aparentan gastados y peinados que aparentan despeinados irrumpe en el kreis 4 esparciendo el perfume empalagoso del gel.
Apenas oscurece, el pijerío, los hijitos de papá, el peine-gel, o como quiera que se llamen, invade el kreis 4 dispuesto a pasar toda la noche en el que ahora considera el lugar in, su punto de encuentro. Su cuadro.

Llegan, se instalan en sus cada vez más numerosos locales. Beben, ríen, salen a fumar, siempre contemplando el espectáculo emocionante y exótico que compone su cuadro: policías estampando algún camello africano contra la pared, borrachines cantando o en busca de putas, alguna pelea...
Y así se pasan toda la noche, bebiendo, riendo, saliendo a fumar, mirando el cuadro, mirándose en el cuadro, volviéndose a mirar en el cuadro (les encanta mirarse en el cuadro), y sobre todo, sin buscar putas ni camellos. Sin colaborar con nada. !Todo gratis!
Y así, todas las noches.
...
El boicot es nuestra última opción. Ya es demasiado tarde para sensibilizar al pijerío, ya quedan muy pocos días para hacerle entender que la diversidad es importante, que para preservarla deben retirarse, que safaris en el mundo ya hay suficientes.

Boicot, señoras y señores. No ir más al kreis 4, que quede vacío, que pierda su interés. Arruinémosle el cuadro. Sólo así los ahuyentaremos.
Y hagámoslo ahora, puesto que ya nada tiene sentido.

Puesto que nada se salvará, salvemos el Kreis 4 just for fun.


                                                                                     
 Mr. Frosch
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25.06.12

Recorriendo la Langstrasse (2da parte)

 

-      Ya no es lo que era.
-      Agua, Frosch, agua, que ayuda a desintox…que te va a hacer bien.
-      Ya no es lo que era.
-      Bueeeno, se ha aburguesado un poco… pero salvo eso sigue igual.
-      Ya no es lo que era.
-    Hey, tampoco es para tanto, además tú mismo dices que hasta la hamburguesa se  aburguesa, que es la ley de la vida…
-     ¡Qué carajo esperas, men!

Ya no es lo que era. El kreis 4 y la Langstrasse ya no son lo que eran. El kreis 4 y la Langstrasse se han perfumando. Y se seguirán perfumando por los siglos de los siglos, men.
Y quien quiera percibir su viejo y auténtico olor, habrá de acudir allí durante el día, y ya no de noche.
Y quien quiera saber a qué me refiero, habrá de saber primero que:

Desde aproximadamente… siempre, el kreis 4 ha sido un barrio obrero.
Y que desde aproximadamente la mitad del siglo XIX ha albergado además a obreros inmigrantes, y que los primeros inmigrantes -italianos en su mayoría- vinieron a aportar sus lomos, sus creencias y sus ideas, y que de ello dan fe construcciones como las vías del tren, alguna iglesia o algún centro político.

Habrá de saber asimismo que en el siglo XX, llegada la década de los sesenta, ya no bastaba con descampesinarse para modernizarse, sino que había que cosmopolitarse para poder seguir industrializándose. Y es en esas circunstancias que Suiza -país razonable- decide acoger nuevos inmigrantes.

Nuevos inmigrantes, que en esta ocasión debían aportar más lomo que creencias o ideas y que en un inicio también provienen de Italia, pero que con el transcurrir de los años empezarían a venir de lugares cada vez más lejanos y distintos, empujados hasta aquí por razones cada vez más variadas y distintas, a poner el lomo de formas cada vez más variadas y dist… Y que por alguna misma razón-cuyo secreto se encuentra en el olfato- frecuentarán ciertas zonas de las ciudades y no otras, y que por esa misma razón la cierta zona a frecuentar en la ciudad Zúrich será el kreis 4, que como ningún otro se impregnará de todos esos nuevos colores, olores y sabores y empezará a echar cuerpo y a dotarse de un carácter propio, auténtico. Distinto.

Y al ser distinto, olerá distinto y atraerá a quienes son, se consideran o se les considera distintos. Además de extranjeros, vendrán artistas, vagabundos y toda aquella gente que de algún modo desempeña funciones tradicionalmente marginales. Vendrán sino a vivir, a trabajar, vagar, vagabundear; a ser lo que son, lo que quieran, o lo que estén obligados a ser. En este barrio de alma obrera encontrarán un lugar donde distender los complejos y relajar las formas y así lo irán convirtiendo en el lugar adonde la ciudad entera vendrá a distender los complejos y a relajar las formas, y poco a poco, naturalmente, el Kreis 4 se irá tiñendo de rojadizo y terminará adquiriendo ese fuerte olor suciorrico. El irresistible olor del vicio.

         -  ¡Y que viva el vicio, carajo! ¡que vivan las putas, la co…!
         -   Cálmate, Frosch. Y deja de hacer tanta mueca.
         -   Ya ya… continúa:

Y como el olor del vicio no solo atrae a los marginales, también aparecerán quienes desempeñan funciones tradicionalmente tradicionales. Este es el caso de los académicos, pintorescos personajes que al encontrar pintorescos a este barrio y a sus habitantes, deciden a su vez instalarse por aquí. El barrio les proporciona un toque de exotismo tercermundista en su comodidad local, la sensación de estar conectados con la calle, de tener más práctica en sus teorías y, sobre todo, les permite decir: “yo no soy tan formalito como parezco, yo vivo incluso entre el pueblo y el bajo mundo”. Ellos no vienen a aportar al barrio ni lomo, ni olor fuerte, ni nada por el estilo, sino más bien una sensación de vicio controlado, de perdición civilizada, de formalidad en el relajo de las formas...vienen a aportar un primer perfume- aún soportable- y a sellar con una buena fórmula lo que  ha sido fue el kreis 4 desde los años sesenta hasta nuestros días hace poco.

Porque sabiendo que
Ausländer    <=> extranjero(s)
Aussenseiter <=>outsider(s), marginales
Akademiker <=> académicos

Resulta que
A+A+A = kreis 4   fue en efecto una excelente fórmula para definir la demografía de este barrio, fórmula que, traducida, pierde obviamente toda su gracia, pero que, traducida o no traducida, lo que sí ha perdido hoy en día es su vigencia y que por ello sus difusores- los de anteojitos de montura gruesa- harían bien en declararla de una vez por todas obsoleta.

Porque este barrio ya no es lo que era. Porque este barrio se ha perfumado y se seguirá perfumando cada noche con aquella peste limpiecita y empalagosa que arrasa con los olores fuertes.
Porque ya está anocheciendo. Y de noche, este barrio se engomina, se fija, se acomoda.

-          Ya no es lo que era
-         
-          ¿Acaso no hueles?
-          …pues yo sólo veo llegar gente.
-          Pfui. Vámonos de aquí.
-          Hey, pero…
-          Ya sé, ya sé, pero tendrá que ser para la próxima.

24.03.12

Recorriendo la Langstrasse

En Zúrich, ciertos barrios o distritos son más conocidos por el número de su circunscripción que por su nombre, y ciertas circunscripciones son más conocidas por alguna de sus famosas calles o avenidas. 
Pero, por otro lado, ciertas palabras como circunscripción le enredan la lengua al sapo y por eso prefiere decirlas en alemán; kreis.
Ubicación
La famosa Langstrasse atraviesa los conocidos kreis 4 y 5 de la ciudad de Zúrich.
Su apariencia a lo largo de todo su recorrido es más o menos la misma: luces de neón, carteles chillones en diversos idiomas, bares, kioscos y tiendas de aspecto foráneo-popular, por no decir tercermundista (el sapo dijo tercermundista).
También su olor es más o menos el mismo: huele a comida, a comidas de todo el mundo, y a borrachines de todo el mundo.

En un corto tramo, sin embargo, la calle se convierte en un pasaje subterráneo (continúa por debajo de la tierra... dijo el sapo) que sirve de puente a los trenes y constituye a la vez el límite entre ambos kreis. (…te introduces como un topo en el kreis 4 y vuelves a salir a la superficie en el kreis 5. Y viceversa...)
Este pequeño túnel, además de un mero límite administrativo, marca una especie de límite natural, que notan sobre todo quienes vienen desde el río y recorren la calle en viceversa, como Mr. Frosch.


Al salir del túnel, en efecto, algo cambia. Uno nota que la calle parece más o menos la misma pero que ya no es del todo la misma, pese a ser la misma.
En el kreis 4, el olor a comida y a borrachín se intensifican y, a medida que uno avanza, el olfato y la bragueta empiezan a percibir un olor a sexo mezclado con drogas, frituras, verduras exóticas y orina. Esa misma mezcla de olores despiden también las calles, callecitas y callejuelas aledañas a la Langstrasse y que junto a ella forman el kreis 4, que es adonde se viene en busca de esa mercadería venida de todo el mundo que ofrecen las putas, los camellos, los vendedores de comida y de verdura venidos de todo el mundo.
Es en uno de los callejones de la zona, en un rincón de esos en los que mean los borrachines  y  los camellos esconden su mercancía, que se distingue algo verde, inerte pero con vida.
Mr. Frosch tiene los ojos más grandes y saltones que nunca. Su cuerpo tieso yace sobre un montón de bolsitas vacías.  Le cuesta hablar, su lengua apenas la mueve para limpiarse los restos de coca de la nariz.
Quiere decir algo:

-         Co…con…Continuará…

31.01.12

De excursión

Hace frío. Mucho frío. Se anuncia más frío.
Pero Mr.Frosch se ha descongelado. “Estoy caliente” han sido sus primeras y últimas palabras antes de ponerse a saltar en dirección de la Langstrasse.
Si bien Langstrasse puede traducirse por Gran calle, Gran avenida, o algo por el estilo, Mr. Frosch ha recomendado no hacerlo. Para evitar el ridículo, dice.
Asimismo ha recomendado empezar el post con la ubicación, la demografía o con algún recuento histórico, o con cualquier cosa con tal de no empezar diciendo que todos aquí la conocen como la calle de las putas. Esto, según él, para evitar el lugar común.
No dejó claro si podía comenzar sin él o si debía esperar a que regrese de su excursión.

30.12.11

Calor navideño

Zúrich cuenta entre sus habitantes a un señor capaz de resistir 21minutos y 33 segundos sin respirar debajo del agua.

Ciertos sapos son capaces de permancer congelados durante meses, sin respirar y sin que les lata el corazón. No baten por ello ningún récord de Guinness, pero tampoco ponen en peligro su vida. Simplemente se descongelan y se ponen a saltar como si nada.

Mr. Frosch asegura ser además capaz de congelarse y descongelarse a su antojo.
La temperatura en Zúrich no es tan baja en estos días, pero él dijo que se congelaría igual. Así, congelado, es que ha decidido pasar las fiestas.
Se descongelará cuando se le dé la gana.

09.12.11

Habitantes del río Limago II

- Ven, hay que completar esto. ¿Ves aquellas ventanas sin cortinas?
- Sí ¿pero cómo sabes que no tienen cortinas?
- Apunta:
Algunas viviendas de esta zona tienen enormes ventanas a las que sus habitantes no acostumbran poner cortinas.
Las ventanas enormes y cuadradas son hoy en día tendencia. No ponerles cortinas, también.
Estos edificios, por ejemplo, han sido diseñados siguiendo alguna de estas nuevas tendencias: fachadas de metal y enormes ventanas, todas igualitas. ¿Centro comercial o vecindario? Las dos cosas. Da lo mismo. Es la tendencia.
- Sí, pero…
- Sssh, chitón, no te atrevas a criticar la arquitectura. Tú no la entiendes, ignoras las nuevas tendencias.  Continúa:
Las escaleras, de fierro; los balcones, de fierro. Las ventanas enormes y cuadradas, de fierro. El material tiene que verse. Los edificios tienen que gritar que son de fierro. Es tendencia.
Estos edificios tienen dos fachadas principales. Una da a la calle. Esta, como ves, da al río. En la fachada que da a la calle hay tiendas; en esta, como ves, hay viviendas.
En las tiendas hay desde maquinaria industrial, muebles, cremas para la piel, hasta un solárium a monedas.
En las viviendas, como ves,  hay gente. Gente que a su manera también contribuye a la tendencia. Contribuye  viviendo y prescindiendo de cortinas, persianas o lo que pudiera preservar su intimidad. El resultado es que así esta gente parece estar a la venta. Pero no, no son putas. No estamos en Ámsterdam. Estamos ante un complejo residencial zuriqués.  Allí dentro vive gente respetable, familias con niños y todo eso.
Las viviendas más expuestas, eso sí,  las  habitan en su mayoría  solteros que apenas ha pasado la treintena. Se trata de enormes apartementos dúplex con enormes ventanas cuadradas que permiten ver hasta el último rincón.  Estos solteros son de esa gente que compra y hace que compres, de esa raza humana que cocina y se come la economía. Gente de las finanzas; banqueros, aseguradores, abogados que trabajan para las aseguradoras y para los bancos, economistas que trabajan para las aseguradoras y para los bancos, arquitectos que trabajan con las aseguradoras y con los bancos, psicólogos que… Gente que, además, va al gimnasio, que tiene los brazos robustos y el vientre liso. Jóvenes vigorosos pero no mocosos. Treintañeros ya centrados, con sonrisas y pelo impecables...
Pero no, no son como en American Psycho; el mundo ha cambiado desde entonces.  Además que el estilo de vida de los yuppies difiere de un país a otro. Ser de una misma raza, no implica que se viva de la misma manera. Un fanático evangelista del País Vasco no condimenta su hamburguesa como lo hace uno de Texas o uno de la Patagonia. Los tres, claro, se zampan la hamburguesa. Es sólo por dar un ejemplo…
Volviendo a estos jóvenes zuriqueses de enfrente. No se trata pues de yuppies neoyorquinos, ya que muy rara vez aspiran coca. Consumen más bien verduras de apelación Bio y ese tipo de cosas. Si salen, es a comer sushi. Y sobre todo, duermen sus horas. ¡Comen verduras y duermen sus horas!
No tienen cortinas, yo los veo diariamente vivir. La exhibición vista es además gratuita. Es como ojear un catálogo de Ikea o uno de esos folletines que reparten los Testigos de Jehová. Los habitantes de enfrente también son o se esfuerzan en parecer espontáneos, felices. Seguramente lo hacen para que los paseantes de por aquí tengamos otra vista agradable además del río. Por eso han pagado unos cuantos millones de francos por sus vitrinas apartamentos duplex. Por eso los han amueblado con sofás de diseño donde se recuestan y de donde se levantan para hacer café en sus diminutas Nespresso... ¡Como en los catálogos! Pero repito, no están a la venta. Son ellos los grandes compradores.
- Lo que pasa es que eres un mirón, míster Frosch
- Claro, como si yo hubiera tomado las fotos...

02.11.11

Habitantes del río Limago

“Todos los animalitos son a su manera encantadores” Mr. Frosch


Otro típico habitante de la zona es el hombre. El hombre se instala por lo general en el borde, dejando cierto espacio entre la orilla y su vivienda. Estos espacios, que en las ciudades se dejan más por respeto a la ley que a la naturaleza, pasan a formar caminos por donde se complacen en transitar otros hombres... En todas partes es igual. Al hombre le gusta ver agua. Y si un lugar no cuenta con mar, lago o laguna, lo primero que hacen los hombres allí, es construir una fuente alrededor de la cual reunirse para, entre otras cosas, contemplar el agua brotar. Ya sabes, las plazas.

-¿Y Zúrich?

El resultado de que a todos los hombres les guste ver agua es que a muy pocos les será permitido hacerlo desde sus viviendas. En todas partes es igual. Es la lógica selectiva de exclusión por cotización de deseos.

-What!?

Money, men! Plata, guita, pasta. Es la lógica humana que hace que tú, vulgar asalariado, estés paseando por este caminito, tiritando de frío para poder contemplar el agua al menos un rato; mientras que el tipo de enfrente la puede contemplar todos los días del año, descalzo y en bata, desde una vivienda que jamás podrás pagarte.
Si te gusta contemplar algo, quieres contemplarlo siempre ¿no?

-Bueno…sí

Pues aquel tipo ha comprado este paisaje para contemplarlo siempre ¿Entiendes? Se lo ha comprado como quien compra un cuadro. Y se lo ha comprado porque puede.
De hecho, el mundo se divide infinitamente en dos grupos: los que pueden y los que no pueden una determinada cosa.
Por ejemplo, el esquelético Mick Jagger suele frotar su arrugada piel a la de bellas y tiernas modelitos sin arrugas, al igual que la musculosa Madona suele frotar su arrugada piel a la de bellos y tiernos modelitos sin arrugas. ¿Por qué lo hacen?  Pues porque pueden. Ellos pertenecen entonces al grupo de los que pueden eso. Tú, por ejemplo, no eres rico ni famoso, pero perteneces a un grupo no menos minoritario: el de los que pueden hablar con los sapos.

-¡Vaya privilegio, míster Frosch! ¿Y Zúrich?

Zúrich cuenta con lago y río. Los que pueden viven generalmente al borde del lago, del río (en ese orden) o en una montañita con vista al lago o al río (en ese orden). Los que no pueden se van a pasear al lago o de vez en cuando se vienen a pasear por aquí. Digamos que viven más alejados del agua y, por lo tanto, de mí.